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Había pasado un mes desde la vuelta del viaje y otra vez todo funcionaba a su ritmo habitual. De nuevo la armonía reinaba en casa; la única diferencia, por decirlo de alguna manera, era que Marta Sofía, mi futura hija, estaba ya a punto de nacer y que nuestros amigos, que no perdían un minuto, se dedicaban a aprenderse de memoria cualquier libro que encontraban a mano y por supuesto, a navegar a todas horas por Internet. Dado su empeño y su capacidad de aprendizaje casi podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que ya eran pequeños científicos. Una tarde de domingo, estando todos reunidos en el salón, recibimos una sorprendente llamada telefónica y digo sorprendente, porque el beneficiario era Berenjeno. ¡Sí!, ¡sí!…¡Berenjeno!

-¿Dígame? -pregunté yo.
-Hola buenos días. ¿Está por favor Don Berenjeno?
-¿Se refiere al Inspector Berenjeno?
-Sí, al mismo.
-Un momento por favor.

Le pasé el teléfono y éste se quedó tan sorprendido como el resto, pues que supiésemos, no le conocía nadie más que nosotros y el inspector de policía, claro. Se puso al aparato y después de quince minutos de animada charla y con todos a su alrededo esperando, por fin colgó el teléfono. Pasaban los segundos y nada… Berenjeno, sabiendo de la expectación que levantaba todo aquello no soltaba prenda.

-¿Bueno, nos lo cuentas o no? -saltó Johnny harto ya del jueguecito.
-Era… de Greenpeace -contestó él frotandose las “uñas” contra el pecho.
-¿De Greenpeace? -pregunté impresionado- ¿y qué querían?
-Pues que se han enterado que en unos días tenemos el juicio contra esos indeseables y se han ofrecido para ayudarnos tanto económicamente como para asesorarnos si fuese necesario. Además, nos quieren pedir por lo visto una especie de colaboración o algo
por el estilo, pero ha dicho que como nos íbamos a ver el día del juicio, prefería contármelo personalmente. 

Y de esta manera fueron pasando los días y las semanas hasta que por fin llegó el momento de la batalla final. Berenjeno, muy previsor él, convocó una pequeña reunión para preparar el ataque legal y definir cual iba a ser el papel de cada uno en aquel puzzle jurídico, porque como os podéis imaginar, nuestros amigos sabían tanto o más que su propio abogado sobre este asunto y no querían dejar ningún cabo suelto.

-Bueno pues lo dicho -comentó Berenjeno- no debemos olvidar lo que cada uno debe hacer y decir, ya sabéis que desgraciadamente en los juicios no solo basta con decir la verdad, sino que también hay que saber dosificarla para luego dar el mazazo final. En este caso dicho mazazo serán las grabaciones de los hermanos Rubio. ¡Por cierto!, ¿las tenéis controladas?
-Las tenemos perfectamente controladas –contestaron éstos- además el inspector de policía tiene una copia.
-¡Ooye!, ¡peerdonar un moomento!, ¡es solo por curiosiidad! -intervino Rarito dirigiéndose a los hermanos Rubio- ¿Teneéis aalguna coordinación espeecial o telepatía entre voosotros?

Efectivamente algo raro sucedía porque cuando te estaban hablando, saltaban de uno a otro indistintamente en mitad de una frase sin perder ésta sentido en ningún momento; era como si lo estuviese haciendo uno solo. El único problema era que a veces terminabas con dolor de cuello, pues conversar con ellos era como ver un partido de tenis.

-Sí, efectivamente -contestaron los dos, pero cada uno una palabra claro- tenemos una conexión mental constante entre nosotros y esto a veces nos crea dificultades; ¡imaginaos lo que es saber siempre lo que piensa el otro! En fin, uno más de los tantos misterios que rodean a nuestra especie. 

Una vez aclarada esta cuestión, decidimos finalizar la reunión y de paso la velada, pues al día siguiente nos esperaba una jornada bastante ajetreada. 

Una soleada mañana hizo de despertador y escuchando música de los 80 nos lanzamos a lo que terminaría siendo un viaje de lo más entretenido. El único borrón, si es que se puede decir así, lo puso Manzaneque, que de vez en cuando nos martirizaba con alguna de sus baladitas; en el fondo era un romántico. Una vez ya en Valencia y dentro del casco urbano, lo primero que hicimos fue buscar el punto de encuentro donde habíamos quedado con los representantes de Greenpeace, y en ese momento es cuando empezamos a notar que allí pasaba algo raro.

Mira que estábamos acostumbrados a llamar la atención, pero esas miraditas por aquí y por allá, esos golpes con el codo cuando nos veían pasar, en fin, que aquello no era muy normal. Pero la gota que colmó el vaso, fue cuando algunos de ellos empezaron a increparnos a gritos:

-¡Vamos!, ¡Duro con ellos!
-¡Ánimo chicos, que ya son vuestros!
-¡Los teneis en el bote!

Estabamos ya apunto del desconcierto total, cuando una vez en el punto de encuentro, Manzaneque, mirándonos atónitos señaló hacia un periódico que había encima de una mesa.

¡DAVID CONTRA GOLIAT!
UNOS PEQUEÑOS SERES CREADOS EN UNA INVESTIGACIÓN ILEGAL,
SE ENFRENTAN HOY EN JUICIO A SUS FRAUDULENTOS PROGENITORES.
Esto forma parte de una investigación que ha durado cerca de dos años y en la cual la policía… 

Ahora todo parecía claro. Era evidente que a través de Greenpeace todo este asunto había trascendido a los medios de comunicación, una buena estrategia para crear presión que sin duda nos iba a ser de gran utilidad.

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