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Todo sucedió visto y no visto. La llamada para contármelo, la llegada de la ambulancia y el ingreso posterior de mi mujer en la clínica fue todo como un abrir y cerrar de ojos. Un grito de Manzaneque ante las cámaras dirigiéndose a mí, interrumpió bruscamente la entrevista que estaba en su punto álgido.

-¡Óscar, me han llamado de Madrid! ¡Que la niña casi está aquí!
-Señores, me van a tener que perdonar pero me tengo que ir -interrumpí bruscamente- El por qué, ya lo han oído. Pero ustedes por favor pueden continuar…
-¡De eso nada! -intervino eufórico Berenjeno- ¡hemos venido todos juntos y nos vamos todos juntos! Espero que entiendan la situación señores, la entrevista tiene que terminar aquí. Muchas gracias por su atención.
-Gracias amigos, muchas gracias -contesté yo con lágrimas en los ojos.
-¡Rápido¡ ¡tenemos que ir a por el coche!- asintió Sandy.

Una enorme caravana formada por los protagonistas y seguida por la cadena de televisión, más un sin fin de ciudadanos que de alguna forma querían colaborar con nosotros, partió dirección Madrid pitando y sacando pañuelos para facilitar el paso en la medida de lo posible. El viaje, pese a lo tenso de la situación, fue de lo más entretenido pues los reporteros, que estaban emitiendo en directo, fueron haciéndonos entrevistas personales a todos los miembros del grupo dándonos así a conocer al gran público.

Tras el tiempo de rigor y la algarabía montada a lo largo de todo el recorrido, la llegada a Madrid fue espectacular. Las entrevistas habían surtido el efecto deseado, consiguiendo que una pareja de policías motorizados, encabezaran nuestra singular caravana para con sus potentes sirenas anunciar nuestra llegadaTodo eran saludos y gritos de ánimo por parte de los transeúntes que por el camino nos cruzábamos, cosa que yo agradecía de corazón, pero nada de esto fue comparable con la sorpresa que nos encontramos a la llegada al hospital.

Todo político que se precie, en campaña electoral tiene que hacer cosas que en situación normal nunca haría, y como este era el caso, allí estaba el alcalde de la ciudad para recibirnos apuntándose de esta forma un tanto.

-Sean bienvenidos señores -dijo el alcalde enseñando a la cámara su mejor perfil.
-Encantado de conocerle señor alcalde -contesté yo- y muchas gracias por el detalle.

El resto de la expedición hizo lo propio saludándole y dándole las gracias por aquel tan “espontáneo recibimiento”. Y tras las fotos de rigor…

-Señor alcalde, no se lo tome como una descortesía, pero he de ir con mi mujer. Espero que usted lo comprenda.
-¡Sí claro, por supuesto!, yo en su caso haría lo mismo.

Y con éstas, subí rápidamente para ver si había alguna novedad.

Nunca había llorado tanto con un hijo mío al tenerlo en los brazos por primera vez. Una extraña emoción invadió todo mi cuerpo, haciéndome sentir infinidad de sensaciones hasta ahora desconocidas. Sin duda, una experiencia inolvidable.

Y esta fue precisamente, la portada de toda la prensa del día siguiente: Paula, Coqui, la recién llegada y yo, llorando como tontos de alegría. ¡Qué vergüenza!.

¡TODO SOBRE RUEDAS!
Todo ha salido segun lo previsto. La niña ha pesado
dos kilos cuatrocientos setenta gramos y se llamará
Marta Sofía. El señor alcalde, presente en el
acto ha nombrado a la recién llegada Miembro
Honorario de la Real Orden…

Como son las cosas, yo había tardado cuarenta y tres años en salir en la prensa y mi hija Marta, nada mas nacer, ¡zaca!, y es que había venido con una cámara bajo el brazo.

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