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Un rayo de sol atravesó la ventana y fue a posarse justo sobre mí, despertándome y produciéndome una gratificante sensación. Era como si gracias a la genética, pudiera tener recuerdos que en realidad nunca había vivido y sensaciones que jamás había sentido, y esto, me creaba la necesidad de un pasado… de alguna referencia; sin duda ésta, sería una de las primeras cosas que deberíamos averiguar: ¿quienes éramos?, ¿de donde veníamos?, ¿qué hacíamos aquí?

-¿Qué pasa abuelo?, ¿meditando? -preguntó Johnny recordándome de nuevo donde estábamos.
-¡Eh! no, no, solo estaba haciéndome algunas preguntas, pero ahora no es el momento, ya hablaremos más adelante.

Poco a poco todos fueron despertando mostrando también cierta sorpresa ante la nueva situación. Era la primera vez que nos veíamos a la luz del día y esto nos creaba una cierta extrañeza. Nadie quiso
hacer ningún comentario sobre ello.

-¡Hey chicos!, ¡observad esto! -comentó de repente Manzaneque, mirando a través de la ventana -¡Con luz las cosas parecen muy distintas!

Corrimos todos a comprobar lo que decía y sí, era cierto. Viendo lo que teníamos delante, una oleada de optimismo nos invadió a todos. Grandes campos de cultivo rodeados de una preciosa arboleda se nos presentaba delante como un espectáculo arrancado de lo divino. Miré de reojo a Rarito y me emocionó ver cómo una lágrima caía por su mejilla.

-Bueno, pues según mis notas -intervino Sandy rompiendo la magia del momento -lo primero que haremos es reconocer el terreno.
-¡Pues adelante!, ¡no perdamos más tiempo! -intervine tratando de dar ánimo al grupo.
-Yo, empezaaría por aallí. -dijo Rarito señalando hacia el fondo- si os fiijáis se ven luces mooverse.
-¡Acción! -gritó Johnny, que sin duda era el más dinámico del grupo.

Y todos nos pusimos en marcha.

El edificio era más grande de lo que en un principio parecía, pero nada nos podía detener y como si de un comando militar se tratase, avanzábamos unos, mientras los otros escondidos, esperábamos la señal de los primeros para seguirles. Una vez que logramos llegar hasta nuestro objetivo, descubrimos allí un pequeño cuarto con un extraño aparato de donde salían voces y se veían cosas moverse. Todos nos quedamos maravillados.

-…”y una vez dicho esto, ya pueden seguir viendo la película en nuestro…  ¡MATINAL DE CINE!” -dijo la locutora.
-¡Película!, ¡hey chicos!, ¡ha dicho película! -comentó Manzaneque entusiasmado.
-¡Shhhh! cacaalla hombre miira eso -dijo Rarito.

La famosa “película”, transcurría principalmente de noche. Una espesa niebla lo envolvía todo y, si no me equivoco, estaban en un aeropuerto. Había allí tres personajes, una mujer y dos hombres, aquello parecía una despedida. Uno de ellos se dirigió al otro llamándole inspector. No se lo que significaba aquello pero me impactó tanto que comenté:

-¡Jóvenes!, si no os importa, a partir de ahora os podéis dirigir a mi llamándome Inspector, ¡Inspector Berenjeno!

Sandy, en su perfecto papel de taquígrafa, tomó nota de lo dicho quedando el nombre oficialmente inscrito aunque, pese a lo solemne del acto, allí nadie había hecho mucho caso de lo sucedido. La razón, era fácil de entender, si observábamos a todos allí atontados con aquel curioso aparato que acabábamos de descubrir.

-¡Toc, toc, toc!, ¡Por favor señores! ¡Ya está bien! -intervino Berenjeno golpeando con los nudillos sobre un cajón- sería conveniente, que siguiéramos nuestro camino; todavía no hemos inspeccionado todo el lugar y el tiempo no corre a nuestro favor.

-Vaya hombre, ahora que estaba tan interesante -dijo Johnny contrariado.
-¡Ya tendremos más ocasiones para todo esto! -añadió Berenjeno de forma tajante- Ahora debemos continuar.

Seguimos nuestro recorrido durante un tiempo indefinido buscando y rebuscando de aquí para allá sin encontrar nada, lo que nos hizo pensar que había llegado el momento de abandonar aquel lugar.

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