En varias ocasiones he leído las declaraciones de algunos artistas, donde aseguran que podrían prescindir de muchas cosas, menos de los aplausos. Esto, que en un principio parece lógico pues habitualmente quien lo dice es porque está en la cumbre, tiene un gravísimo riesgo implícito:

¡EL EGO!

¿Es posible que no nos demos cuenta de que no se puede vivir de la mendicidad? Si, si, habéis oído bien, ¡LA MENDICIDAD! Hoy agradas a éste, mañana ya no, ahora te aplaude aquel… Y cuantas veces habremos oído a nuestro compañero de butaca decir “menuda mierda” mientras aplaudía.

Creo que ha llegado el momento de cambiar estos clichés, y empezar a hacer las cosas por motivos de otra índole, por motivos digamos más elevados, no permitiendo en ningún caso llegar a la aplausodependencia.

Si bien es cierto que estoy llevando esto hasta un punto caricaturesco, no conviene bajar la guardia, pues el maligno está detrás de cada esquina. El ego, se filtra por los lugares más insospechados, haciéndonos creer lo que no es y convirtiéndonos en su esclavo.

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