Unos más y otros menos todos en el fondo somos seres direccionados. Niños buenos en la escuela, (aprendiendo una serie de datos innecesarios) niños buenos en la universidad, (pasando por el absurdo de las notas de corte) y niños buenos en el trabajo (pasando por lo que sea).

En mi caso les costó bastante conseguirlo porque pronto me di cuenta de que iba el tema, siendo fracaso escolar (no me dio la gana de pasar por el aro)  librándome de la mili (no puedo obedecer órdenes sin sentido) y siendo un mal trabajador porque para ello tienes que estar convencido de lo que te cuentan. Esto no quiere decir que sea un vago, simplemente que necesito un proyecto propio para encontrar sentido a lo que hago.

Una herramienta fundamental para direccionarte es el castigo. Ahí puedes ver a la gente contenta porque les multan por no llevar un cinturón de seguridad (es por tu bien) por pagar un dineral si te pasas cinco minutos en el ticket de la hora (es por tu bien) por ser el banco, por ser hacienda, por machacarte si no tienes seguro de coche, de casa, de perro (lo único seguro es que tarde o temprano desapareceremos de aquí) en fin y por las mil gilipolleces más que tenemos que aguantar constantemente. Lo único que me tranquiliza es que es por mi bien.

La televisión también ocupa un lugar de honor en esta noble tarea de enseñarnos el camino. Diariamente nos informan sobre los percances en carretera como si otras formas de fallecer no fuesen de interés, nos muestran lo que les ha pasado a los niños que no se han portado bien (lo famosos cabezas de turco) y tratan de vendernos ese mundo irreal que es La Sociedad del Bienestar. (menudo bienestar).

Creo que el momento en que vivimos más que una crisis económica es una crisis de principios. Ha llegado el momento del cambio. Los jueces empiezan a emitir opiniones propias, los bomberos parecen no estar dispuestos a echar a la gente de sus casas y muchos empiezan a movilizarse por su cuenta sin esperar a ver lo que dicen los políticos.

Es hora de dejar de andar como zombies y romper con la inercia del camino marcado. El cambio comienza en el momento que lo crees posible.

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