Que bonitos y obedientes son los perros. Tan cariñosos ellos. Siempre al lado de su amo; claro, por eso dicen que son el mejor amigo del hombre Y que me decís de esos otros, los gatos. Tan ariscos, tan suyos… Siempre a su aire; desde luego no es lo mismo.

Esto es lo que habitualmente se viene oyendo sobre estos dos animales y lo que incluso yo mismo pensé durante mi infancia. Pero pasado el tiempo, pasto de las tardes de ocio en los parques y mi natural disposición a la observación, me planteé largo y tendido este asunto, llegando a la conclusión de que aquello no era tan sencillo.

Si lo vemos desde el punto de vista del prepotente, egocéntrico, egoísta y absurdo ser humano, la cosa está bastante clara: lo que el hombre necesita es un servidor fiel que le ría las gracias, y que además absorba su mala leche con cristiana resignación. Pero visto desde el lugar de nuestras queridas mascotas, la situación ya no parece la misma.

¿Qué pensarán ellos de hacer sus necesidades cuando a ti te apetezca?, ¿Y de tener que estar todo el día metido en cuatro metros cuadrados?, Otro tema es el de la correa extensible: quién no ha visto a ese pedazo de amo concediendo al animal la distancia exacta, que según su criterio, necesita en cada momento. Lógicamente, ese criterio depende del estado de ánimo de cada día, claro.

Pero no todo va a ser negativo hombre: uno de los casos donde más equilibrada he visto la relación entre perro y amo, es en el de la persona invidente y su fiel amigo y compañero de fatigas. Aquí no caben devaneos por parte de alguien, que tanto le debe a su perro y lo trata en consecuencia con respeto y  admiración. De tú a tú.

Después de todo lo dicho, reivindico la independencia de los gatos, que con menos carantoñas y baboso peloteo, hacen respetar su territorio y su independencia.

El gato…el mejor amigo del gato. Como debe ser.

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