Según el diccionario de la Real Academia Española, arte es la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

La verdad es que leyendo esto, me es imposible relacionar lo que veo en los principales museos y centros culturales de nuestro renqueante planeta, con dicha definición.

Comenzando en un principio como manifestaciones de comunicación o incluso como una forma de espantar nuestros miedos ancestrales (véase la prehistoria) ha pasado a ser un negocio puro y duro donde a la hora de ponerle precio a una obra lo importante es el valor que políticamente se le ha dado y sobre todo el que en un futuro alcanzará.

Y yo me pregunto: ¿Puede ser arte algo que se vende?

Arte es el trabajo de nuestros hijos para el día del padre o de la madre. Arte hacer algo estéticamente interesante para deleite de los demás. Arte es una conversación, una puesta de sol. Arte es… arte.

Quizá en estos tiempos en que vivimos donde ya nada tiene valor (pintar, escribir, dirigir cine, etc.) tal vez porque hay más autores que público, y donde los artistas tienen que vivir de cualquier cosa menos de su actividad creativa, sea el momento de replantearnos el asunto derrumbando este sistema mercantil y desalmado del mismo.

¿Cómo?

Dejándolo como algo lúdico y paralelo a alguna otra actividad que nos pueda dar de de comer. De esta  manera lo que hagamos será…

Por amor al arte.

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