Hay que ver como influye la publicidad en todos nosotros y especialmente la televisiva. Esto no nos debe extrañar, si tenemos en cuenta la cantidad de elementos atractivos que puede llegar a reunir para un solo evento: hombres y mujeres fantásticos, (ya sabemos que el sexo mueve el mundo) lugares paradisíacos, imágenes de gran calidad, unas frases bien hechas, un eslogan (cómo no) con mucho gancho, para que se nos quede bien grabado y todo esto, aderezado con una motivante música que te lleva a lugares exóticos y lejanos. ¡Hombre… así cualquiera!

Qué pena, que muchas de las veces, las imágenes que representan al producto no tengan nada que ver con éste.

Sí, me refiero, a que a lo mejor te quieren vender unos caramelos y, claro, no te van a poner al paisano de turno comiéndoselos en un pueblo almeriense, queda mucho mejor y vende más, una bonita chica degustando los dichosos caramelos en una playa Hawaiana, pero eso sí, de tal manera que parezca que se está comiendo cualquier otra cosa.

Todo esto, se consigue gracias a unos estupendos profesionales, expertos cada uno en su correspondiente campo, que en vez de desarrollar su trabajo dirigiendo películas, escribiendo libros, creando bonitas sinfonías o aportando geniales ideas a un bien común, venden su culo por unas monedas.

¡Es lo que hay!

La mejor y única publicidad debería ser siempre el boca a boca, pero llegados al punto en que estamos, por lo menos seamos éticos.

Disfrazar la verdad… es también una forma de mentir.

Anuncios