Últimamente no hago más que oír como unos y otros persiguen su independencia para pasar de Guatemala a Guatepeor.

Parece mentira que a esas alturas todavía sigamos reivindicando una tierra que no nos pertenece (que no hombre, que la tierra no es de nadie), un idioma propio que nos diferencie (lo importante es lo que se dice y no el idioma en que se dice) y una bandera que nos identifique (seamos nosotros lo único que nos represente).

Por otro lado, en el hipotético caso que así sea, es decir que obtengamos la independencia, posteriormente habría que hacer nuevas subdivisiones entre los paisanos de toda la vida y los nuevos, (vamos, con todos esos inmigrantes que nada tienen que ver con esa zona heredada de los dioses), con las familias de más de seis u ocho generaciones viviendo en el mismo lugar y el resto (lógicamente no es lo mismo), los del norte, los del sur, los del este, los del oeste y así hasta llegar a la mínima expresión.

No perdamos el tiempo en idiomas banderas he himnos, eso son envoltorios pasajeros y circunstanciales que sólo nos llevan a distraernos de lo importante: ¡Vivir!

Si queremos independizarnos, demos un paso más allá siendo ciudadanos del mundo y pasando de uniones o fraccionamientos. Rompamos los esquemas sociales y los estados piramidales que permiten que en sus pliegues se esconda la mentira, la corrupción, la ineficacia.  Volvamos a una vida sencilla, natural, donde cada persona dirija su propia vida, donde votar sea hacer simplemente tu propio camino, donde se hagan las cosas por sentido común y no por multas, condenas y demás represalias.

Tal vez veáis todo esto como algo utópico, pero yo creo que no, que simplemente forma parte de la evolución y por lo tanto es cuestión de tiempo.

Estoy seguro, de que no tardaremos mucho en decir…

¡Cada persona un mundo!

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