Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero creo que esto es una forma demasiado fácil de solucionar el asunto.

La cantidad de cosas que una palabra, un relato o un escrito, (de igual forma que las imágenes) pueden transmitirnos, son prácticamente infinitas, estando también incluidas en este paquete la mentira y el condicionamiento.

En el caso de la palabra fue descubierto hace ya mucho tiempo por los políticos, con lo cual sobran los ejemplos, pero en lo que respecta a las imágenes no es tan fácil de detectar. Para darnos cuenta del asunto solo tenemos que pensar que si en una foto vemos un bonito paisaje, abrimos el campo para verla completa y en la parte oculta hay un pelotón de fusilamiento, la cosa cambia. De la misma forma que si las imágenes que vemos en un reportaje, son las elegidas por su autor o editor, y no todas, nunca podremos tener una visión completa de la realidad.

Afortunadamente con estas dos herramientas también se pueden hacer cosas maravillosas, y creo que con esto es con lo que debemos quedarnos.

¿Qué sería de nosotros sin toda la literatura existente o sin las imágenes que marcaron nuestras vidas? Sin todas esas aventuras vividas, esos datos al margen de lo establecido, o por qué no, esas imágenes fantásticas que tantas veces nos  hicieron soñar. Tal vez, si tuviese que quedarme con una muestra de cada, elegiría el famoso beso del marinero y la enfermera terminada la ll Guerra Mundial y la conocida frase “Peace & Love”; las dos por si solas lo dicen todo.

Para terminar y no queriendo en ningún momento enfrentar a estas dos magníficas posibilidades, ya solo me queda compensar la balanza añadiendo a nuestro querido refranero…

¡Una palabra vale más que mil imágenes!

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