No ensalzando a las personas de talento, harás que la gente
abandone la rivalidad y la discordia.

No valorando bienes difíciles de conseguir, harás que la gente
deje de robar y atracar.

No exhibiendo lo que todos codician, harás que los corazones
de la gente permanezcan serenos.

Por eso, la manera de gobernar del Sabio, empieza por vaciar el
corazón de deseos, llenar los estómagos de alimento,
debilitar las ambiciones y fortalecer los huesos.

Tao Te King

 

Está claro que decir el mejor del mundo conlleva menospreciar a todo ese elenco de gente que estando prácticamente al mismo nivel, por circunstancias diversas no están en boca de todos. Por otro lado, ¿Qué es ser el mejor del mundo? ¿En qué sentido eres el mejor del mundo?

Sin duda este es uno de los conceptos que con mayor intensidad recuerdo de mi infancia, pues jugaba al futbol y quería ser el mejor del mundo, hacíamos pequeñas olimpiadas y en todas las especialidades quería llegar a ser el mejor del mundo. Pero pasa el tiempo y la perspectiva que la edad te aporta (tal vez lo único que encuentro bueno de la misma) te hace ver las cosas de otra manera.

Cuando se juzga a alguien, se puede hacer desde diversos puntos de vista, dependiendo de la escala de valores de cada uno y también, por qué no, de donde queramos poner el acento. En un jugador de futbol, por poner un ejemplo, ¿qué valoraríamos?: La eficacia goleadora, la elegancia jugando, su inteligencia en el campo, su trayectoria… Si nos basásemos tan solo en una de ellas, seguramente sería una forma muy injusta de hacerlo.

Teniendo en cuenta lo dicho y viendo además lo injusto del término, creo que deberíamos plantearnos cambiar el concepto “el mejor del mundo” por…

“Entre los mejores del mundo”

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