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Para alguien acostumbrado a vivir en vuestro mundo, seguramente ésto no tendría ninguna importancia, pero en nuestro caso, esta aventura a través de terrenos nuevos y desconocidos nos producía un enorme respeto a la vez que una gran excitación; tal vez por ello, anduvimos deambulando de aquí para allá cabizbajos y pensativos. Pero la necesidad empuja, y viendo que las cartas ya estaban echadas, solo nos quedaba una: afrontar con valentía nuestro destino.

-¡Vamos chicos!, ¡ánimo!, no tengamos miedo. ¡¡A descubrir mundo!!
-¡Eso!, ¡eso!, ¡a descubrir mundo! -repitió Manzaneque tiritando seguramente debido a los nervios.
-¡Eesperad uun momento! -intervino Rarito -Yaa veo que eestamos todos de aacuerdo. Pero haagamos laas cosas bien. ¿No seería mejor viajar por laa noche?. Por el día es máas fácil ser vistos.
-¡Fantástico Rarito! Estoy totalmente de acuerdo – intervino Sandy
-Pues si esto es así, no falta tanto para irnos -apuntó Johnny señalando hacia la ventana.

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Efectivamente, hacía ya un rato que el sol se había despedido de nosotros ocultando así sus últimos rayos y la oscuridad acechaba ya sin miramientos. En breve tendríamos que partir.

Andamos sin rumbo fijo durante horas atravesando campos y montañas, con la dificultad añadida que suponía la oscuridad, hasta que al fin y al límite de nuestras fuerzas, llegamos a un lugar que a todos nos pareció perfecto para hacer nuestra primera parada. El sitio era impresionante y pese a no haber mucha luz, podía intuirse un enorme valle lleno de árboles donde un montón de animales compartían con nosotros el paisaje. Esto dio pie a entablar con ellos una rápida relación. De alguna manera sabían que éramos diferentes.

-¡Qué bonito es todo esto!, ¿eh muchachos? -comentó Johnny.
-¡Sí! ¡desde luego! No se cúal es la razón de que estemos en este mundo, pero está claro que viendo esto merece la pena -contestó Manzaneque.
-¡Uf!, bonito desde luego que es, pero no sabía yo que fuese tan duro esto de andar -intervino Sandy
-Ni yo tampoco -respondió Berenjeno tocándose “los pies”-Espero que no falte mucho.

El silencio se apoderó del grupo y después de un buen descanso, aprovechamos el momento para contemplar aquellos puntitos brillantes que teníamos sobre nuestras cabezas y que tanto llamaban nuestra
atención. Había uno, cuyo tamaño era mucho mayor que el resto, que a todos nos tenía fascinados. Era una enorme bola blanca, que si la observabas con atención, te obsequiaba orgullosa con la imagen reluciente de su cara. Gracias a ella podíamos contemplar lo poco que veíamos y esto nos hacía estar agradecidos. Ya un poco más relajados y con mayor ánimo, decidimos que había que continuar al viaje.

Una sucesión de montañas, árboles, valles y ríos siguió pasando bajo nuestros pies hasta que de nuevo, algo inesperado vino a romper nuestra monotonía.

-¡Oye! ¿qué es eso de ahí? -dijo sorprendido Manzaneque.
-¿A que te refieres?, yo no veo nada. -contestó Sandy.
-Ni yo tampoco -Intervino Johnny.
-¡Sí hombre, sí!, ¿Es que no lo veis?, ¡si está ahí mismo!, ¡en el suelo! -Insistió Manzaneque.
-¡Es verdad!, ¡es tan evidente que no lo habíamos visto! -comentó Berenjeno.

Todos nos acercamos con cautela y una vez a su lado pudimos ver la magnitud del descubrimiento.

Era interminable. Estaba hecha de un material distinto al resto de lo que hasta ahora habíamos visto y andaba partida por una línea blanca y discontinua que la seguía allá donde ésta fuese. Tras largo rato observando aquella maravilla, vimos que, por la misma, aparecía a lo lejos una luz que poco a poco se iba acercando a nosotros. Todos nos miramos un poco atemorizados, especialmente Manzaneque cuya principal virtud ya sabemos que no es la valentía, y esperamos a ver que ocurría.

Aquella enorme nave, envuelta toda en humos y ruido, empezó a perder velocidad y a pararse lentamente, terminando de hacerlo justo delante de nosotros. Un ser de enormes dimensiones se bajó de aquel trasto y dando tumbos de un lado para otro se puso a vaciar su vejiga mientras cantaba una canción que sin duda hacía referencia a su lugar de origen.

-¡Astuuurias patria queridaa!, ¡Astuuurias de mis amoreees…!
-¿Qué hacemos? -preguntó Sandy.
-Echarle un par de narices y subirnos en la parte trasera de lo que sea eso -contestó Johnny.
-¿No os parece un poco arriesgado? -preguntó Manzaneque indeciso- A mí, ese tipo como está, no me ofrece muchas garantías.
-Más arriesgado me parece quedarnos aquí -contestó Sandy.

Y dicho esto, salimos todos corriendo para terminar metidos en aquel extraño aparato.

-¿Doónde estáis? dijo Rarito – ¡Noo veo nada!
-¡Yo estoy aquí! -contestó Johnny tocándome el hombro.
-¡Y yo aquí! -dijo Manzaneque.
-Pues yo no sé ni donde estoy, con esta oscuridad… -dijo Sandy tratando de buscar un sitio donde acomodarse.

Momentos después notamos cómo, con un fuerte movimiento, iniciábamos nuestro viaje a lo desconocido.

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