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Pues bien, lo de dejarlo para el día siguiente, al final se convirtió en tres días tumbados como reyes viendo la tele y comiéndo cuanto encontrábamos a mano. Aquello parecía una fiesta romana. Y es que, desgraciadamente, todo tiene una parte buena y una parte mala y con este dichoso aparato pasa lo mismo: la parte buena… esta ya la conocemos todos pero tiene otra cara que no hay que perder de vista, y es como te descuides te haces un vago de cuidado. Pero por nuestra parte, la lección estaba aprendida.

De repente algo detrás de nosotros nos hizo a todos volver la vista… ¡Cáspita!, nos habían descubierto. Aquel tipo se quedo blanco al vernos.

-¡No, por favor!, ¡espera!, ¡no grites!
-¡Anda mi madre, pero si hablan!, esta vez me he pasado empinando el codo.
-¡No!, ¡no te has pasado! ¡Somos reales!, ¡Somos de carne y hueso! bueno, tanto como eso no, pero por favor, no te asustes, no te vamos a hacer nada.
-¡Ja¡, ¡ja!, ¡ja!, ¡qué graciosos!, cuando le cuente esto al largo se va a partir de risa.

Todos nos quedamos bastante extrañados, pues esperábamos una mayor sorpresa por parte de nuestro interlocutor, que parecía asimilarlo todo con bastante naturalidad. Sin duda, era una persona con mucha vida y no dispuesta a dejarse sorprender por nada, lo que nos hizo aprovechar el momento para obtener el máximo de información posible.

-Ya sé que no entiendes nada de lo que está pasando, pero la historia es un poco larga de contar y no tenemos tiempo ahora para ello. La cuestión es que necesitamos algunas informaciones y creo que tú, que pareces un buen chico, podrías ayudarnos. Por cierto, todavía no me he presentado soy el inspector Berenjeno ¿con quién tengo el gusto de hablar?

-Yo soy Fernando, pero todos me llaman “El calvo”.
-Encantado -todos hicimos un gesto de saludo.
-¡Hey chicos! me vais a perdonar -interrumpió “El Calvo”, pero tengo que ir a hacer… lo que he venido a hacer aquí arriba. Vosotros ya me entendéis.
-¡Sí!, ¡sí!, ¡claro!… ¡tú tranquilo! -le respondí yo.

Pasado un momento, “El calvo” volvió, pero ahora con evidente cara de alivio.

-Bueno, pues ya podemos seguir -dijo éste.
-¡Perdona! -preguntó Manzaneque- Lo primero que te nos gustaría saber es dónde estamos.
-Buena pregunta Manzaneque -intervino Berenjeno.
-Pues estamos en Levante -continuó “El Calvo”- No sé si conocéis el lugar, más concretamente a unos 15 kilómetros de Valencia. Es una zona agrícola bastante importante.

-¿Y vives aquí? -preguntó ahora Manzaneque.
-¡No!, ¡no! ¡que va!… Estoy aquí de paso, vivo en Madrid.
-¿y tu crees que… -intervino Sandy.
-Chicos, no quiero ser grosero, pero si queréis preguntarme algo más, tiene que ser rapidito, estoy de camino a casa y voy un poco apurado de tiempo.

La conversación fue más larga de lo previsto porque “El Calvo” muy amablemente, nos propuso traernos hasta aquí, hasta Madrid y aprovechando lo largo que era el trayecto hablamos con él largo y tendido sobre nuestra historia. Por cierto, él fue quien nos dio el dato del bar en Madrid y todo lo demás.

-Bueno Óscar, el resto más o menos ya lo sabes, la visita a la bodega, la conversación con el Bueno, etc. ¿Qué te parece?, ¿Crees que nos podrás ayudar?
-Hombre, pues no lo sé -Contesté yo- La historia desde luego es fantástica pero claro, me pilla todo tan de sorpresa… Y en caso de querer ayudaros, ¿qué es lo que necesitáis exactamente?

-Lo primero sería saber por qué estamos aquí, cual es la razón de nuestra existencia, de nuestro origen, porque me da la sensación que detrás de todo esto hay gato encerrado. No sé, aquella primera nave donde estuvimos, todos aquellos tubos, es mobiliario tan raro, hasta el lugar en sí tenía algo de extraño y no me preguntes el qué, llamemoslo intuición. Por otro lado, como te podrás imaginar, tenemos muchas limitaciones tanto físicas como de un desconocimiento total de todo lo que nos rodea. “El Calvo”, por ejemplo, nos comentó que Internet podría ayudarnos a solucionar este caso, pero claro, no sabemos nada sobre esta tecnología. En cuanto a las físicas, imagínate la que organizaríamos si nos ven por ahí.

-Desde luego parecen buenas razones -contesté yo- En principio por mí no habría problema, pero teneis que tener en cuenta que no vivo solo, que tengo una familia y no sé como se van a tomar todo esto.

De repente, se oyó cómo se habría la puerta de la calle, sin duda eran mi mujer y mis hijos que ya volvían a casa. La respuesta estaba más cerca de lo previsto.

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