Anterior: https://ortiworld.wordpress.com/3-viaje-a-lo-desconocido/

No sé cuanto tiempo duró aquel trayecto pues pasados los primeros momentos, todos nos quedamos profundamente dormidos. Un enorme chirrido de frenada seguido de un gran bullicio nos hizo a todos despertar. Una vez abrimos los ojos y con la luz del día, nos sorprendió ver que aquello estaba lleno de cajas con trozos iguales a algunas partes de nuestro cuerpo. Era, por así decirlo, como un gran taller mecánico de
nuestra especie. De repente, unas voces procedentes del exterior llamaron nuestra atención:

-Manolo, ¿hoy quién descarga, tú o yo?
-Pues quien va a ser hombre… ¡yo, como siempre!
-¿Traes buen material?
-El mejor; buenas naranjas, buena verdura, en fin, ¡lo mejor de lo mejor!

Se abrió la cortina trasera y entró nuestro improvisado conductor, que con gran energía empezó a descargar todo aquello. Al principio, me extrañó el hecho de que estando todos muy a la vista no llamásemos la atención de aquel hombre, pero pronto caí en la cuenta de que siendo iguales que las piezas de aquellas cajas, parecíamos parte de la mercancía.

-¡Hey chicos! -dijo Johnny susurrando- tenemos que tumbarnos sobre estas cajas y quedarnos quietos para que nos saquen de aquí. Ya os habreis fijado que parecemos parte del decorado. Cuando estemos fuera, nos reuniremos de nuevo, ¡suerte!

Había algo que me preocupaba y no había querido comentar, y era que al descargar la mercancía cabía la posibilidad de quedar repartidos por aquí y por allá dependiendo, claro está, de dónde dejasen cada caja. Esto podría significar el no volver a vernos nunca más. Pero los dioses de nuevo se pusieron de nuestra parte, haciendo que todas las cajas fueran aparar al mismo lugar. Una vez de nuevo todos juntos, decidimos convocar la segunda reunión oficial del grupo; esta vez en un pequeño lugar cercano, al que la gente llamaba bar y cuya segunda planta parecía vacía. Tengo que aclarar, que llegar hasta allí no fue nada fácil. Tuvimos que pasar por debajo de toda la gente que se encontraba en el lugar sin ser vistos ni pisados y subir unos escalones tan altos como nosotros.  Menos mal que con nuestra pericia y las dotes de mando de Berenjeno al final todo fue sobre ruedas. 

¿Otra vez?, No podía ser… Un viejo conocido se interponía de nuevo entre nosotros. Otro aparato igual al que vimos en la primera nave, pero esta vez con forma diferente, volvió a dejarnos a todos k.o. Allí estaba otra vez… “LA TELE”.

“Así ha sido y así se lo hemos contado, les esperamos en la siguiente edición de este telediario. Ahora les dejamos con nuestra película de sobremesa ” Y desapareció la locutora como por arte de magia, dando paso a los anuncios.

-Bueeno, creo que hasta que nos caleentemos un poco, podríamos ver un poco laa peli, ¿No? -soltó Rarito frótandose las manos.

Un silencio generalizado dio por buena la moción, y allí estábamos todos, con las cabezas apoyadas unas contra otras y tapados con una tela a cuadros que encontramos sobre una mesa, viendo la película. Era una escena enternecedora, ya casi éramos una familia.

Con aquellas circunstancias y aprovechando el buen momento junto a la imperiosa necesidad, sucedió algo que tarde o temprano tenía que ocurrir, y es que no podíamos ir por ahí sin llamarnos de alguna manera, ¿nó?. Dada la cantidad de nombres que oíamos en la tele, decidimos que era el momento de solucionarlo.

-Oye, ese tipo chulito ese tal Johnny de la peli me recuerda mucho a ti -dijo Sandy dirigiéndose a Johnny- Podrías llamarte así.
-Mujer, no me importaría si tú aceptases llamarte Sandy -contestó Johnny, con cierto sarcasmo.

Sandy y Johnny eran los dos protagonistas de aquella romántica película y sí, es verdad, algún parecido podían tener. Por otra parte yo ya me había fijado en que nuestros amigos se echaban miraditas de reojo cuando nadie les veía.

-Bueno pues ya teenemos los dos priimeros -apuntó Rarito muy contento- y si os sirve dee algo, os diré que eese tipo de antes, el del caamión, dijo manzanas refiriéndose aa éste -y se quedó mirando fijamente a Manzaneque el cual, sin saber que decir puso cara de pocos amigos.

-¡Manzaneque! -dijo Johnny- ¡Suena bastante bien! y además tiene su lógica.
-De acuerdo -contestó el interesado- Pero a cambio de que tú, con esa cara que tienes y esa forma de hablar tan… “curiosa”, te llames Rarito; si es por lógica…

img023
-¡Hey! ¡hey!, ¡sin faaltar!
-Pues a mi me gusta -dijo Sandy dándole un beso cariñoso en la frente.
-Esta bien, estaá bien, me llamaré Rarito -dijo con resignación.
-Pues ya sabes Sandy -intervino Berenjeno- a partir de ahora, cuando tomes nota de las reuniones, ya puedes llamar a cada uno por su nombre. Por cierto ¿empezamos ésta de una vez?.

Johnny, harto ya de su papel de segundón, decidió que esto no podía seguir así y tomando esta vez el de protagonista, se adelantó a Berenjeno sabiendo que el que da primero da dos veces:

-Bueno chicos, de momento todo va saliendo mejor de lo esperado, pero esto… no debe hacer que nos confiemos demasiado -comentó Johnny con voz segura- El primer movimiento, según mi criterio, sería llegar a algún a una gran población. Allí seguro que encontraremos más medios para lograr nuestros objetivos; los cuales, por cierto, deberíamos fijar ya.

-¡Bravo! ¡bravo! -dijeron todos, a la vez que aplaudían -¡bravo por Johnny! 

Bueno, todos no, casi todos, porque a Berenjeno esta circunstancia no le había hecho mucha gracia. Era normal, por un momento había dejado de ser el centro de atención.

-¡Muy bien dicho Johnny!, ¡Muy bien dicho! -dijo Berenjeno disimulando.

Y a continuación y para ganarse la popularidad perdida volvió de nuevo al ataque:

-Yo creo que Johnny tiene toda la razón y que debemos pensar bien las cosas y decidir ya nuestro futuro plan. ¡Pero chicos!, ¡seamos realistas!, ¡cada cosa en su momento! ¿No os parece?. Yo creo que podríamos posponer esta reunión hasta mañana y así de paso, ¡¡ver la peli que ponen esta noche!!, ¿cómo era?…

”LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ”

De nuevo, un montón de aplausos se volvieron a oír pero esta vez dirigidos a Berenjeno, el cual no cabía en sí de alegría. Desde luego, no había jugado muy limpio dejando a un lado sus obligaciones a cambio de la tele, pero hay que reconocer que había conseguido su objetivo.

Siguiente: https://ortiworld.wordpress.com/4-b-un-alto-en-el-camino/