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Ya pasados los primeros momentos de euforia, y una vez todos más tranquilos, intervino Berenjeno muy educado:

-Señora, ya que al parecer vamos a compartir unos cuantos días juntos, si le parece le presento al resto del grupo.
-¡Claro que sí hijo!, ¡estupendo!
-Primero las señoritas. Esta es Sandy.
-Encantada Sandy -dijo Belén.
-Este es Johnny.
-Hola Johnny.
-A sus pies señora -respondió este.
-Aquí Manzaneque.
-Encantada.
-Y por último, Rarito.
-Encaantado seeñora -y se acercó para darle un beso, cosa que mi mujer aceptó con agrado.
-Bueno, digo yo que una vez aclarado este tema y hechas las presentaciones pertinentes, habrá que ir pensando dónde se van a hospedar estos señores.
-Papá yo propongo que se pongan en la despensa, pienso que allí estarán mas recogidos que en un cuarto grande -dijo Paula ilusionada.
-La idea no está mal hija -respondí yo- pero aun dentro de la despensa, tendrán que tener algún sitio donde dormir.
-¡Ya lo tengo! -respondió mi hija con cara de haber hecho el descubrimiento de su vida- ¡La casa de muñecas que me regaló la abuela!
-¡Es verdad!, ¡está en el desván! -intervino mi mujer- Además… aunque es muy antigua, está como nueva.
-¿Y qué opinan los propios interesados? -pregunté a la concurrencia.
-Bueno, antes que nada, lo primero que quiero es daros las gracias en nombre mío y en el de mis compañeros por todo lo que hasta ahora habéis hecho por nosotros -comentó Berenjeno emocionado- y lo segundo, es pediros que por favor no rompáis vuestro ritmo habitual de vida; a nosotros con que nos dejéis un rinconcito cualquiera y algo para taparnos nos vale.
-No te preocupes, ¿cuál era tu nombre? Beren…
-Berenjeno, ¡inspector Berenjeno!
-Bueno, pues no te preocupes Berenjeno -dijo mi mujer- porque últimamente esta familia también estaba necesitando un cambio, algo que nos diese un poquito de alegría… un poquito de sal.
-¿Si? pues te han dado el salero entero cariño -respondí yo provocando la risa de los presentes.
-¿Y qué es eso de la casa de muñecas? -preguntó Sandy
-Pues mira, -dijo mi mujer- antiguamente no había tantos entretenimientos como ahora. No existía el ordenador, la televisión y la radio estaba todavía en sus comienzos. Por lo tanto, uno de los juguetes más deseados por una niña de entonces era una casa de muñecas, que como su nombre indica, es una casa pequeñita donde puedes jugar con las muñecas a imagen y semejanza de un hogar.
-O sea que es como una casa pero en pequeño -interrumpió Manzaneque, aplicando así su caracter práctico.
-Efectivamente, y por el tiempo que tiene ésta ya podéis decir que vivís en una casa del siglo pasado -bromeé yo.

Ya, sin pérdida de tiempo, nos pusimos todos manos a la obra. A Paula, dada su flexiblilidad, le tocó la difícil misión de subir al desván. Y digo difícil, porque en éste, lo único que había era un montón de muebles tapados con sabanas blancas y el polvo como permanente invitado. Una vez salvada la primera impresión de subir, mi hija, con gran valentía y decisión cumplió con su cometido.

-¡Y aquí está!, ¡la famosa casa de muñecas! -gritó Paula eufórica.

Todos nos quedamos maravillados al verla, la verdad es que no la recordaba muy bien y me sorprendió comprobar que su tamaño era perfecto para la ocasión.

-¡Es fantástica! -señaló Rarito.
-Yo me pido el cuarto de flores -dijo Sandy canturreando.
-¡Y yo el de raayas! -continuó Manzaneque siguiendo la misma tónica.
-Pues ya solo quedan dos habitaciones y somos tres -comentó Berenjeno- dos de nosotros tendremos que dormir juntos.
-Pues yo con este no duermo, ronca como un cerdo -intervino Johnny mirando a Rarito.
-Bien, pues el tema ya está claro, Rarito tu dormirás en la habitación pequeña que queda y Johnny y yo en la de matrimonio -concluyó Berenjeno.
-Que romántico -dijo Sandy poniendo cara de enamorada.
-Ja, ja, ja _respondió Berenjeno con aire muy serio.

Y así es como antes de colocar la casa en su sitio, ya estaba hecho el reparto de las habitaciones. El resto de la operación se desarrolló sin ningún problema ya que todos colaboramos activamente de forma directa o indirecta. Y me explico: de forma directa acondicionando la despensa y preparando ésta para poder poner la casa dentro, e indirecta (la más importante) entreteniendo a mi hijo Coqui para que el resto pudiésemos trabajar. De esto último se encargaron Sandy y Rarito.

-¡Primer para probarla! -gritó Sandy eufórica. Y con la ayuda de Paula, logró instalarse en su nuevo cuarto.
-¿Qué tal? ¿cómo me queda? -dijo Sandy de nuevo
-Será como quedas tú en ella, ¡bonita! ¡Qué no es un traje! -contestó Johnny de forma un poco hiriente.

En ese momento y sin poder evitarlo, Sandy, rompió a llorar aprovechando tal vez la ocasión para descargar toda la tensión acumulada durante el día.

-Mujer, lo siento, ¡no te lo tomes así! yo me refería…
-¡Perdonad!, creo que ha llegado el momento de descansar; estamos todos un poco tensos por los últimos acontecimientos y mañana tenemos muchas cosas que hacer.

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