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-¡Hola Óscar!, ¿qué tal? ¿has descansado?
-¡Sí, cariño!
-¡Hola papi!
-¿Cómo estás hija? ¿todo bien?
-¡Sí, todo bien! Recuerdos de los tíos… ¿Qué has estado haciendo?
-Nada, andar por aquí tumbado y poco más.
-¡Lucha si te atreves!
-Ahora no hijo, por favor. Anda, vete con mami y ponte el pijama.
-Bueeeno.

Esto que estáis “viendo”, es mi familia y si vais a convivir con ellos, será mejor que os los presente. Primero está mi hija Paula que ya la conocéis y por si no lo sabéis, tiene 11 años. Luego viene mi hijo Coqui de 3, que como podéis ver no para de luchar todo el día con el Capitán Garfio, o con el que se ponga por delante. Y por último, mi mujer, Belén, que no para de luchar todo el día conmigo. ¡Shhh! ¡que no me oiga! Por cierto, está embarazada y no sé cómo le voy a explicar todo esto.

-¡Mami! ¿pero, pero…pero quetá pasando? ¡Un muñeco que taba quí sa escondido!
-Bueno, ahora saldrá, no te preocupes.
-Sí, pero no e mío.
-Hijo tienes tantos que ya ni te acuerdas.
-Belén, tengo que hablar un momento contigo, bueno, con vosotros -aclaré.
-¿Y tiene qué ser ahora?, tengo que bañar a los niños.
-Es importante -insistí yo.
-Bueno… espera un momento.

Y mientras esperaba a que bajase, no dejaba yo de darle vueltas a todo este asunto que desde luego no tenía desperdicio.

-¡Mami! ¡ya parecido otra vez!
-Lo ves hijo…
-¡Pero es que ora me habla!, ¡dice me calle!
-¡Óscar!, ¡cariño!, ¡este niño me empieza a preocupar!, ¡ocúpate por favor de él!
-¡Sí!, ¡ya me ocupo!, ¡pero por favor!, ¡bajad un momento, que tengo que deciros algo!
-Coqui, Paula, vamos a bajar que papá tiene que hablar con nosotros.

Una vez reunidos todos en el salón, me senté y como pude empecé a hablar:

-Paula me has preguntado antes que había hecho todo este tiempo y yo te he respondido que nada, ¿no es así?

Mi hija asintió con la cabeza.

-Pues bueno, te he mentido.

Todos se quedaron mirándome como si de un loco se tratara.

-He estado pensando mucho en este momento, en cómo os lo explicaría todo, pero pienso que lo más fácil va a ser presentaros directamente a nuestros nuevos amigos.

Mi mujer y mis hijos miraban atónitos hacia todos los sitios como buscando a los nuevos amigos.

-Óscar ¿te encuentras bien? Todo esto es tan raro.

¡Berenjeno y compañía! ¡Por favor venid aquí!
-Buenas noches -dijo Berenjeno un poco cortado.
_¡¡Aaaahhhhhoohhhhhhiiihhhhhuuhhhhhhgggg!!

El grito creo que se oyó en todo el barrio.

-¡Óscar! ¿Qué es esto?, ¡sabes que no estoy para sustos!

Mi hija se cogió a su madre como si de un salvavidas se tratase.

-¡Papi! ¡ete que me hablaba antes! ¡Qué regalo tan bonito! -dijo Coqui abalanzándose sobre ellos.

Viendo lo que se les venía encima nuestros invitados, blancos del susto, salieron todos como locos corriendo excepto Manzaneque, que agarrotado por el susto no paraba de temblar y sin poder moverse decía…

-¡Sooocooorrooo!

Lo cogí como pude con una mano y con la otra agarré a mi hijo.

-Coqui cariño que no son juguetes, que son de verdad.

Por detrás de los muebles aparecían las cabecitas de nuestros entrañables amigos, esperando el momento adecuado para volver a salir.

-¡Hey chicos!, ¡ya pasó el peligro! ¡Podéis venir!

Mi mujer no entendía lo que pasaba y a mi hija, una vez pasado el primer susto, los miraba con cara complacida.

-Bueno creo que os debo una explicación.
-¡Eso desde luego! -dijo mi mujer bastante nerviosa.

Y empecé a contarles toda la historia tal y como ellos me la habían contado a mi. Cuando terminé, el ambiente ya era bastante más distendido. Berenjeno, acurrucado junto a mi mujer, sonreía placidamente. Mi hija, haciéndole cosquillas a Manzaneque en la cabeza (o mejor dicho en la manzana), sujetaba a éste en brazos como a un bebé mientras mi hijo se entretenía jugando con el resto muy amigablemente; ¡o eso parecía!

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-La cuestión ahora, es si vamos a ayudarles o no. -comenté aprovechando el momento.
-Hombre, como los eches ahora, tus hijos te echan a ti -dijo Belén.
-¡Mami! ¡yo quero se queden! -dijo Coqui con su vocecita.
-Si no vas a tener que ocuparte de nada, anda porfi -comentó Paula creando más presión.
-Vaaale por mí de acueeerdo -respondió mi mujer.
-Pues ya lo habéis oído chicos, ¡os quedáis! -concluí sonriendo.
¡¡Hurraaaa!! gritaron todos a la vez, abrazándose y dando saltos de alegría.

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