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De nuevo, el sonido del despertador sirvió de pistoletazo de salida para la cuenta atrás. La hora de la verdad había llegado. Nos levantamos, y aunque todos hicimos lo mismo que cualquier otro día, se notaba en el ambiente un algo especial, como una tensión acumulada. Berenjeno, entre bocado y bocado, repasaba sus notas por si se le había quedado algo en el tintero, mientras que el resto hacían lo propio con las suyas. Paula, que andaba nerviosilla y con un poco de mala conciencia, buscó apoyo en mí haciéndome partícipe de de sus dudas.

-Papá, ¿crees qué todo esto saldrá bien?
-Claro que sí hija, pero hay una cosa que quiero comentarte y creo que ahora es el momento .
-¿El qué papi?
-Tienes que prometerme una cosa.
-Diiiime…
-Que independientemente del resultado obtenido en el examen, vas a volver a estudiarte todo esto y además a fondo.
-¡Joo!, ¿por qué?, ¡qué rollo!
-Paula, es importante que te des cuenta de que esto que estamos haciendo, es sólo una pequeña chapucilla para salir del paso. Tienes que saber que existe una cosa llamada ética.
-¿Ética?
-Sí hija, ética. Comportarte según te dicte tu propia conciencia, respetando siempre a los demás y sobre todo, a tí misma. Piensa que las personas son respetadas en función de como respeten a los demás. ¿Tú qué pensarías si alguien de tu clase hiciera lo mismo? El juego limpio es importante, no lo olvides. Tras unos instantes pensando, Paula por fin reaccionó, dándose cuenta del alcance de mi comentario.

-¡Está bien!, ¡Lo prometo!

De repente y de forma inesperada, todos irrumpieron en un efusivo aplauso, sin duda emocionados por el comentario y sobre todo, por la respuesta de Paula.

-¡Sí señor, así se habla! -gritó Manzaneque.
-¡Bravo!, ¡bravo! -continuó Sandy.

Una vez zanjado este asunto y ya con el estómago lleno, Berenjeno, tomó de nuevo la palabra haciéndose otra vez con el mando del grupo:

-Señores, ha llegado el momento de partir. Si por algún casual alguien se pierde o le ocurre algo, nos vemos de nuevo aquí, en el punto de salida. ¡Qué la suerte nos acompañe!

Y ya sin cruzar palabra y con el semblante serio, aquella singular comitiva fue desapareciendo poco a poco de mi vista hasta perderse por el horizonte. En el fondo, yo también confiaba en que la suerte les acompañara.

Todo fue transcurriendo según lo previsto, hasta la llegada al colegio, pero, como dijo Berenjeno, no se puede preveer el futuro. Una vez allí empezaron a surgir algunos problemillas. Eran las 9:40 y Paula todavía no había pasado a por nosotros en el huerto. Al principio no quisimos darle demasiada importancia al asunto, pero pasada media hora del tiempo previsto, empezamos a pensar que algo grave había sucedido.

-Inspeector, no quiero ser gaafe pero me temo que eel plan ha fracaasado -dijo Rarito con desánimo.
-Sí, a mí esto tampoco me huele bien -intervino Johnny- yo esperaría cinco minutos más y, si no viene, cogería el petate y me largaría. Aquí ya no hacemos nada.

-¡Ey! esperad un momento, ¿aquella de allí no es Paula? -Preguntó Manzaneque.
-¡Sí!, ¡efectivamente!, ¡es ella! -respondió Sandy con gran alegría.
-¡Nos salvó la campana! -gritó Manzaneque.

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