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-Perdonarme chicos, pero no sabeis lo que me ha ocurrido. -dijo Paula jadeando tras correr hasta nosotros– Tenía que hablar conmigo la tutora sobre un tema pendiente y no se le ha ocurrido otra cosa que llevarme a su despacho para zanjarlo hoy mismo. Os imaginareis que no podía decirle que no.

-Bueno, lo importante es que estás aquí y que estás bien -le respondió Sandy.
-Entonces qué, ¿nos vamos ya? -preguntó Paula.
-¡Muchachos!, ¡a la cartera! -respondió Johnny con ímpetu.

Se acercaba la hora del examen y todo estaba ya preparado. Paula, según lo previsto, había conseguido meternos en el pupitre sin que nadie nos viese, con solo una excepción, Juanra, un compañero suyo que miraba extrañado lo que estaba sucediendo.

-Paula, ¿es posible que haya visto lo que he visto? -preguntó Juanra.
-Depende de lo que hayas visto -le respondió Paula secamente.
-Pues he visto… lo que he visto -insistió éste.
-Como eres tan listo… -volvió a responder Paula pero ahora exagerando su entonación – y por favor cállate ya, porque como nos pillen nos va a echar de clase.
-Anda… cuéntamelo, te prometo que no me chivo -insistió Juanra.

Paula, viendo que no se lo quitaba de encima y que esto le podía causar problemas, al final tuvo que ceder. Menos mal que era un amigo de confianza.

-¡Luego te lo explico!.

Berenjeno, que estaba al tanto de la conversación y viendo que el examen estaba a punto de comenzar, decidió poner punto final a esta situación, con una corta pero precisa intervención.

-¡Pero muchacho! ¿te puedes callar de una vez? -dijo levantando la tapa del pupitre- ¡lo vas a estropear todo!

Juanra, como os podeis imaginar no sólo se calló, sino que no volvió a molestar más a Paula. Las cosas fueron mejor incluso de lo previsto y cinco minutos antes de la conclusión del examen, estaba nuestra protagonista jugueteando con el lápiz a la espera de su finalización. Sólo quedaba una cosa por hacer, y era devolver a nuestros amigos a su lugar de origen: la cartera. Una pregunta a la profesora por parte de un compañero, fue el momento perfecto para acabar con el asunto dando así por concluida operación.

Mientras tanto, ahí seguía nuestro espectador de lujo, Juanra, que pese a no haber intervenido en ningún momento, mantenía un estricto seguimiento de todo lo que alrededor de Paula sucedía.

-¡Muy bien chicos!, ¡ir entregándome ya los exámenes!… ¡y si es posible en orden! -comentó la profesora.

Una vez cumplido este requisito, fueron saliendo todos de clase. Paula, aprovechando el momento, aceleró su marcha tratando de esquivar de nuevo a Juanra, pero hay cosas que no se pueden evitar…

-¡Bueno! ¡que!, ¡me lo cuentas o no! -preguntó Juanra impaciente.
-No se a que te refieres -contestó Paula.
-¡Vamos mujer!, ¡no seas tonta!, ¡que somos amigos!
-Te repito que no se a que te refieres.
-Pues si no sabes a que me refiero, enséñame lo que llevas ahí en la cartera.

Paula, viéndose acorralada y ya sin saber que hacer, no tuvo más remedio que ceder.

-¡Está bien!, ¡está bien!, vente a merendar a casa y te lo contaré todo.

Y así, dando saltos de alegría, salimos Juánra, nuestros intrépidos amigos y yo del colegio. Todo había salido a pedir de boca y ya estaba deseando llegar a casa, para ver las caras de mis padres cuando se lo contara.

Durante el camino aproveché para poner al corriente a mi amigo sobre ésta, mi particular historia, dejándolo, claro, con la boca abierta. De repente, unos golpecitos procedentes de la cartera llamaron nuestra atención. ¡Que cabeza la mía! con tanta celebración, hasta me había olvidado de mis compañeros de aventura.

-¡Pero bueno!…¿es que no nos vas a dejar salir de aquí? -preguntó Johnny riéndose.
-Mira Juanra, te voy a presentar a mis amigos.
-Hola, que tal, -dijo éste no pudiendo disimular su cara de sorpresa.
-¿Qué pasa muchacho?, perdona mi comportamiento de antes, pero es que nos lo estabas poniendo muy difícil. Mi nombre es Berenjeno, Inspector Berenjeno.
-Encantado Berenjeno -respondió Juanra.

El resto, se fueron presentándo de igual modo, haciendo en principio muy buenas migas con nuestro nuevo confidente, el cual no paraba de preguntarles todo tipo de cuestiones. Cuando nos quisimos dar cuenta, no se si por las ganas de llegar o por lo corto de trayecto, estábamos ya en la puerta de casa.

Como era de esperar, fuimos recibidos como héroes y mi madre, previendo el éxito de la operación, nos tenía preparada una suculenta merienda para festejarlo. Poco después llegó también mi padre, el cual no puso ningún reparo en sumarse a la celebración y bailando y cantando, pasamos unos estupendos momentos hasta bien entrada la noche. ¡Pero un momento!, ¡que la cosa no terminó ahí!: Juanra, gran imitador de artistas y famosos, quiso poner el punto final a la fiesta, deleitándonos con una de sus estupendas actuaciones y dejando dos cosas bien claras: una, sus enormes dotes como bailarín y la otra, sus grandes posibilidades
como cantante.

-¡Bueno! -grito Sandy- ¡y ahora!… ¡un brindis por el éxito de la operación!
-¡Y por Juanra!, ¡la nueva estrella del rock! -añadió Manzaneque.

Y levantando todos nuestros respectivos refrescos, dimos por concluida la… ¡Operación Cole! 

Nunca olvidaré aquel día.

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