Esta mañana, yendo con mi hija al centro, un desaforado conductor se ha acordado de mi familia debido a un pequeño movimiento mal realizado (mea culpa) y por lo desmedido de su reacción inmediatamente he pensado:

¡Cómo es la gente!

No habrían pasado cuatro horas de lo anteriormente relatado, cuando un servidor se ha puesto como un energúmeno con otro conciudadano por no respetar el paso de cebra por el que su alteza (o sea yo) iba a pasar, llamándole de todo y haciéndole todo tipo de gestos fácilmente imaginables. Leer el resto de esta entrada »